Las enfermeras de todo el mundo han luchado durante mucho tiempo con los desaf’os Žticos en la atenci—n al paciente. De hecho, en las Notas sobre enfermer’a de Florence Nightingale, discuti— los deberes Žticos de confidencialidad, comunicaci—n y la centralidad de satisfacer las necesidades de los pacientes ( Nightingale, 1859 ; Ulrich & Zeitzer, 2009 ).
Del mismo modo, las enfermeras de hoy est‡n obligadas a defender las virtudes, los deberes y los principios morales fundamentales de la profesi—n de enfermer’a. Sin embargo, se ha vuelto cada vez m‡s dif’cil para las enfermeras en todas partes del mundo ejercer con integridad en medio de las complejas elecciones morales y presiones que enfrentan las enfermeras.
La enfermer’a es una profesi—n moralmente responsable.
Hist—ricamente, se ha caracterizado por ser una profesi—n con sentido human’stico, lo cual la diferencia de las otras profesiones, incluida la medicina. En el curr’culo de formaci—n, la enfermer’a se considera como el eje rector del aspecto Žtico-humanista en los cuidados de la salud de las personas.
Una cultura Žtica entre las enfermeras/os favorece la accesibilidad y eficacia del cuidado enfermero y salvaguardar los principios que lo rigen como la solidaridad, integridad, equidad y calidad. La relaci—n con el mundo plantea paradojas y dilemas y la Žtica juega un papel trascendental en la conciencia y en las actuaciones; adem‡s, los seres humanos durante una experiencia de enfermedad son fr‡giles, en ocasiones sometidos al calor, fr’o, sed, hambre, inseguridad, fracaso, dolor y muerte. Para Torralba, "vivir humanamente significa vivir en la vulnerabilidad".