Es el testimonio personal de Javier Arzuaga, capell‡n en aquel tiempo de Casablanca, eran los primeros d’as de la revoluci—n cubana, una desgarradora cr—nica de aquellos primeros meses del a–o 59 en la prisi—n de La Caba–a.
Lo que yo escrib’ naci— con esp’ritu e intenci—n de testimonio. Un grupo de amigos cubanos ven’a insistiendo una y otra vez: Javier, esos recuerdos no te pertenecen, no tienes derecho a llev‡rtelos contigo cuando mueras, pertenecen a Cuba, son parte de su historia.
Antes de sentarme a escribir, hab’a mantenido durante cuarenta y pico de a–os mis recuerdos como encerrados en un baœl con un sello que dec’a ÒSilencioÓ arriba. En parte por no dejar al descubierto los problemas ’ntimos de dudas e inseguridades que yo cargaba por aquellos d’as y en parte porque entend’a que mis recuerdos rozaban las vidas de unos hombres que iban al pared—n a ser fusilados.....