Existe una terrible confusi—n entre los matrimonios cristianos, quienes, debido la influencia antinatalista del mundo, se casan creyendo que deben "cuidarse" de tener hijos y, como no quieren ofender a Dios, escogen un mŽtodo "natural" para hacerlo. Lo cierto es que la Iglesia apruebe el uso de los mŽtodos naturales siempre y cuando exista una raz—n proporcionalmente grave para espaciar los nacimientos y que Žsta no estŽ basada en el ego’smo. La autora hace un an‡lisis de cu‡les podr’an ser estas graves razones.