Se trata de una obra teatral que invita desde su t’tulo a un jœbilo mentiroso; la obra entera est‡ salpicada de un humor que de entrada hace cosquillas pero de salida ara–a. No hace mucho tiempo Vitorio Gassman declar— que "el teatro es como un partido, porque es liberatorio, hace sudar y regala felicidad er—tica"; desde el lado contrario yo siempre cre’ que todo partido es como una obra de teatro en la que nadie sabe d—nde est‡ el nudo. M‡s aœn, frases como "el futbolista es un actor sin libreto", "cada gol cierra un acto" o el "miedo escŽnico" no son m‡s que intentos adolescentes de emparentar dos espect‡culos que merecen entenderse. Maxi Rodr’guez manda otro mensaje de conciliaci—n, ni siquiera importa el fondo cr’tico.
La cultura desciende al mundo del fœtbol para codearse con lo popular, para conocer a la gente corriente, para reflexionar sobre (y desde) nuestra pasi—n m‡s cotidiana. Por f’n el fœtbol sube a escena: ÁOŽ, oŽ, oŽ!
Pr—logo de Jorge Valdano