Ocho dŽcadas de aislamiento argentino no exento de cierta dosis de soberbia han virado abruptamente a una mirada cosmopolita y humilde, aunque enraizada en los mejores a–os de la historia argentina. La feliz circunstancia de pertenecer por tres a–os a la Òtr’adaÓ gestora del nuevo germen de gobernanza global debe ser aprovechada, y la oportunidad de ser el pa’s anfitri—n de la reuni—n del G20 del a–o 2018 pondr‡ a prueba la legitimidad de la Argentina a esta pertenencia. El verdadero desaf’o son los a–os siguientes, que decidir‡n si el cambio de rumbo es permanente o ha sido s—lo una anŽcdota hist—rica.