Entonces sucedi— el fen—meno estreme-cedor del mundo. Una estrella Ñ o era una peque–a luna Ñ
se lanz— sobre la Tierra, enterrando hasta el œltimo pedazo de ese pa’s y la œltima cumbre de monta–a: la Atl‡ntida no exist’a m‡s. Hab’a desaparecido de la faz de la Tierra en un d’a y una noche.