ÇDe tanto en tanto me he solazado pensado en la felicidad que sentir‡n los que han sido ciegos cuando vuelvan en la resurrecci—n con la capacidad de ver. La forma, el color, la belleza armoniosa de todo lo creado le han a–adido valor y significado a mi vida, por eso siento profunda compasi—n por los que s—lo pueden tener una idea vaga por medio del tacto. Por eso, mis m‡s amados personajes fueron una maestra rural y su hijo, ciego de nacimiento. Ella, Ana Masvi, tiene mi personalidad, y el ni–o, Pablo, es el destinatario de sus amorosos esfuerzos al educarlo para que pueda disfrutar m‡s plenamente de la vida a pesar de su ceguera. En ellos est‡ basado mi cuarto libro, una novela documental llamada ÒCartas a un prisionero del SeolÓ.Ana, que tambiŽn escribe en su tiempo libre, le explica a Pablo al final del cap’tulo 14, que un libro se parece mucho a un hijo. Lo sentimos crecer en la oscuridad y nutrirse de lo m‡s vital en nosotros; ...È