Aunque los medios de comunicaci—n y las nuevas tecnolog’as no se crearon con finalidades espec’ficas para el ‡mbito de la ense–anza, es incuestionable la capacidad formativa que poseen; la admiraci—n que ejercen en la sociedad es abrumadora, y su influencia en j—venes y adolescentes es, si cabe, mayor. En este contexto, la difusi—n de conocimiento se encuentra integrada a una evoluci—n frenŽtica, y a menudo se ve condicionada por cambios de rumbo relacionados con multitud de informaciones y de nuevos conocimientos, que provienen de las tecnolog’as de la informaci—n y de la comunicaci—n, principalmente.