Primero a Dios que me ha dado para poder discernir y plasmar lo poco que sŽ para poder poner en perspectiva de todos Uds la sagrada escritura e historia de un pueblo escogido desde su liberaci—n de Egipto. El paso por el mar rojo, el caminar por el desierto, el ascenso a la monta–a de Dios, a pesar de su impureza, imperfecciones, murmuraciones y pecado.
Este caminar de tres d’as, no es m‡s que el tiempo necesario para encontrarse con uno mismo y Dios que son acciones, pensamientos y coraz—n.