Las industrias culturales est‡n integradas en una constante estrategia mercantil y comunicativa de producci—n en cadena. A travŽs de unas pr‡cticas de inevitable serializaci—n, que establece el mercado, se tratan los productos culturales a modo de manufactura simb—lica, cuyo œnico objetivo es configurar la conciencia colectiva. As’, encontramos que nuestros gustos son objeto de explotaci—n mercantil a travŽs de las industrias culturales, se producen Òen serieÓ im‡genes y discursos con una variedad simulada, donde s—lo cambian los contextos, los medios, los personajes, los formatos, etc. pero cuyo œnico enfoque est‡ dirigido a fomentar un consumo acr’tico. Esta aparente pluralidad oculta un poder hegem—nico, de corte mercantilista, que mantiene y reproduce un mismo modelo cultural que excluye e inferioriza las diferencias.