Ten’a la costumbre de celebrar cada tanto un aquelarre con mis poemas, los depositaba uno a uno en un bid—n y les prend’a fuego en el patio de casa. Mi hermano se enfada mucho con estas ocurrencias m’as. El otro d’a hicimos en casa un asado y vinieron mis mejores amigos. Los amigos de siempre. El bueno de Chano me confes— que aœn guarda poemas de hace casi veinte a–os, de los que cada tanto estrujaba y lanzaba a la papelera. Eso s’ que es un verso.