Cada noche estrellada cuando la brisa sopla suavemente Johnny Musara–as se reœne frente al c‡lido fuego junto a su amigo Cactus y ambos recuerdan viejos cuentos e historias ya olvidadas y murmuran sab’as palabras hasta que las primeras luces del alba y las œltimas brasas de la hoguera les recuerdan que ha comenzado un nuevo d’a. Es entonces cuando, con los cuentos aun frescos en su cabeza, preparan la vieja sartŽn para fre’r unos huevos con bacon y alegrar el desayuno.