D’as enteros para una sopa, nos propone una traves’a hacia los despoblados territorios de la infamia y el grito, palabra en ristre, como buen guerrero sabedor de que el poema es una infamia, una ’nfima r‡faga que duele y hiere a la vez que salva o condena con su luz. No hay vuelta de hoja, nadie sale ileso luego de la lectura de este libro; leerlo es una fiesta en tierra apache o en pleno descampado, y hay que entrar armados. La lengua y el lenguaje se cuestionan y se enfrentan y se leen y nos leen, como tiene que ser. Lector que no se considere lector sin sexo sin gŽnero sin melindres, si se arriesga, ya est‡ avisado.