El libro que ahora presentamos se arraiga en la fe de quien lo ha escrito pues desde ella han salido las p‡ginas que lo componen. Y lo han hecho con un acercamiento profundo al coraz—n de quien se sabe hija, porque lo es, de Dios.
As’, tanto las Bienaventuranzas como aquello que se refiere a las Sagradas Escrituras o los poemas que, siendo cat—licos, no se encuadran en ninguno de estos dos apartados, se centran en expresar el sentir de quien sabe que merece la pena ser cristiana y, as’, describir c—mo se siente un coraz—n que eso sabe y no olvida.