Creo que es una obra para que s—lo un lector preparado en la lid de la complejidad navegue a fuerza de sortear Escilas y Caribdis, porque, convengamos, pocos son los dispuestos a soportar esputos en el rostro y seguir adelante hasta el final para entender o para empatizar con lo agresivo de la verdad de otro.
Diario no es un libro convencional. Es un desaf’o.
Gavr’ Akhenazi