Las almas virtuosas,
que debieran ser las m‡s generosas,
y santamente alegres, parecen las m‡s temerosas
y afligidas.
Ellas siguen la moral del Evangelio, esto es,
la m‡s sublime filosof’a que ennoblece los esp’ritus
forma las almas grandes y magn‡nimas,
y es la que exclusivamente puede hacernos
experimentar aquellla escasa felicidad que
puede disfrutarse en este triste destierro.
ÀComo pues tantos temores, pusilaminidad,
y desconfianza en medio de una moral tan augusta,
divina, y consolante?