As’ lejana parece la posibilidad de acercar el concepto de inclusi—n a los modelos educativos. Quiz‡s porque no se trata de un modelo diferente, sino de un concepto diferente; una manera diferente de pensar al sujeto diferente.
Nada atenta m‡s contra la individualidad y la especificidad de cada individuo, la diversidad plena, que una f‡brica de pŽrdida de mismidad (La Escuela), homologaci—n del deber ser y saber. Y el estudiante, un producto m‡s, echado en suerte a un mercado de consumibles y descartables.
En esta estructura en este marco, la educaci—n solo ser‡ inclusiva en un pretendido discurso y tendr‡ el impacto y la trascendencia de Òuna buena ideaÓ.