ÒQuiz‡ nunca como hoy, educar ha sido un imperativo simult‡neamente vital y social, que lleva consigo toma de posici—n y voluntad decidida de formar personalidades maduras. Quiz‡ nunca como hoy, el mundo ha necesitado individuos, familias y comunidades que hagan de la educaci—n su raz—n de ser y se entreguen a ella como a finalidad primera, dedic‡ndole todas sus energ’as y buscando colaboraci—n y ayuda, a fin de experimentar y renovar con creatividad y sentido de responsabilidad nuevos procesos de educaci—n. Ser educador hoy comporta una autŽntica opci—n de vida, que debe reconocer y ayudar a cuantos tienen autoridad en las comunidades eclesiales y civilesÓ.
(Juan Pablo II, Iuvenum Patris)