Hablar de Egipto, es hablar de magia, no solo por sus monumentos, extraordinarios y eternos, sino tambiŽn por sus complejos rituales, ejecutados como una esencia del Cosmos en la figura de Fara—n, que permiti— que este Imperio durara m‡s de 5.000 a–os.
Es la Magia de Estado.
Dual e imperecedera, cuya esencia; revitalizar la figura del Soberano, y por ello, la de su pueblo, manteniendo una compleja Cosmogon’a religiosa, no solo en los grandes templos, sino en todo sentido y afirmaci—n de la propia vida, y como no de la Muerte.
El Mago, no era un ser simple, era un sacerdote, que despuŽs de aprender y comprender la Muerte en la Casa de la Vida, adquir’a poder, y comprend’a el manejo del HEKA.
Dominada por la palabra y el encantamiento, esta se hac’a patente cada d’a en los templos, y en las ceremonias privadas oficiadas por el Fara—n, sumo Te—crata, y Se–or, no solo del Alto y Bajo, Egipto; sino de los Dos Mundos.