Nuestra Žpoca puede sentirse justamente orgullosa de muchas cosas: asombrosos adelantos de tipo tŽcnico, prosperidad econ—mica o la creaci—n de organizaciones internacionales para tratar conjuntamente los problemas mundiales.
Estos logros, sin embargo, pueden enmascarar terribles carencias. La legitimidad y la salud moral de una sociedad se miden, ante todo, por su actitud ante los peque–os y los dŽbiles. Y, en ese aspecto, la situaci—n de nuestro mundo y, en particular, de nuestras sociedades occidentales no podr’a ser m‡s desoladora.
En todo el mundo, se producen unos 45 millones de abortos provocados al a–o, es decir, muchas m‡s muertes que en las peores guerras de la Historia.