En El Alquimista y otros cuentos dispersos, Aldo RubŽn Rodr’guez Pizzi ha conjugado su educaci—n eminentemente cientificista con los dictados de su coraz—n, humanista y art’stico.
De esta conjunci—n de opuestos complementarios, surge Vladimir Lisiuk, con su inquieta y m’stica mente medieval, ya sea en su figura protag—nica, como en la de referente elegido para sintetizar el germen que se trasladar‡ desde El Alquimista a los otros relatos que conforman el libro.
La lectura ofrece cuentos amenos, equilibrados, con una amistosa voz narrativa, que mantienen, tal como Lisiuk, una bœsqueda espiritual amparada en lo cient’ficamente posible y trasladan al lector a un universo en que la realidad y la magia se conjugan para fundamentar la uni—n de la ciencia con la fe.