Cuando el viejo lobo de mar se march—, Samantha no tuvo m‡s remedio que salir a buscarlo. Le hab’a dicho d—nde podr’a volver a encontrarlo: en la isla del cielo, m‡s all‡ del ocŽano, en el lugar donde los mapas se acaban. Lo que no sab’a Samantha era que en el camino encontrar’a un mont—n de amigos y vivir’a miles de aventuras...