EL DêA QUE ME CONVERTê EN INDIO es din‡mico y v’vido, cuenta sin falsos pudores aquello que la correcci—n pol’tica silencia. El formato epistolar hace que los lectores formemos parte de aquella visi—n alucinada. Si todo relato de viaje es el intento de poner palabras a la experiencia, en este caso se trata de una experiencia tan intensa que resulta transformadora. Quien conozca la India sentir‡ que el libro se interna en aquello que parece inasible, y quien no la conozca se asomar‡ a un abismo de sensaciones. En cualquier caso las palabras ser‡n siempre una buena compa–’a.
Silvina Quintans, periodista.