De conversaci—n amena y muy agradable, dotado de gran memoria, Joaqu’n Alonso Bonet destaca como dramaturgo por su "Don Guzm‡n de Castilla" (1930), estrenada en el Teatro Espa–ol, pero ya antes hab’a escrito y estrenado "Una farsa de anta–o" (1916) en la que se revela como poeta enemigo implacable de afectaciones, nada repulido, sin amaneramientos, un poeta que abandona su coraz—n a la sensibilidad.
En una Žpoca en que todos los periodistas eran literatos en potencia, Žl iba recogiendo, con una letra personal’sima e ilegible, muchos versos inspirados. Mientras en el diario gijonŽs La Prensa daba a conocer las series populares y m‡s arrabaleras de Marola, Bonet, un dramaturgo injustamente olvidado, se iba definiendo como el poeta m’stico de gran altura de "El escultor de sus sue–os", obra estructurada en cuatro partes: la sombra, el prendimiento, el mito de Pigmali—n y tr‡nsito
ƒsta es su obra m‡s trascendente y reflejo de su ideario cristiano, y en ella demuestra sus afanes poŽticos, la autŽntica esencia de su sensibilidad, y un dominio polimŽtrico, en el que prevalece el verso octos’labo, pero con buena presencia de heptas’labos y endecas’labos muy profundos, muy alejados de los tonos grandilocuentes y declamatorios. Modernista, convencido que de esta escuela era la m‡s llamada a perdurar, esto le convirti— en un 'trovero a la antigua usanza'.
Ambientada en una Granada reconquistada, nos presenta un amor m‡s all‡ de la muerte con hondura conceptual. El amor de un imaginero, Diego de Almansa, que aœn no ha terminado aquella Misericordia, codicia de mercaderes, amor de fraile santo, y pesar de las mujeres, que le hubieran encargado los Padres Mercedarios, inspir‡ndose en una Elena de Montalvo, desaparecida en extra–as circunstancias en el Darro.