ÒÉla at‡vica mentalidad prohibicionista, enmara–ada entre temores reales y problemas imaginarios, se materializa en la violencia represiva y la crueldad carcelera del Estado. Su Òguerra contra las drogasÓ es un fraude del que sus celadores se lucran a la vez que se despoja a la ciudadan’a de derechos fundamentales. La prohibici—n hace m‡s da–o a la sociedad que el comercio y consumo de drogas ilegalizadas. La historia nos ha dado la raz—n y contamos con argumentos jur’dicos, Žticos y pol’ticos s—lidos para ponerle fin en definitivaÉÓ