Alguien ha dicho alguna vez, que la historia es como un profeta cuya mirada se pierde en el pasado. Yo digo, que ningœn profeta, salvo uno de m‡rmol, puede mirar todo el tiempo en la misma direcci—n.
La verdad de los or’genes y la visi—n de los tiempos por venir est‡n sinŽrgica e ’ntimamente reunidas en la espiral cŽltica del tiempo, esa serpiente que se come su propia cola.
Los antiguos peregrinos, no dispon’an de Mapas ni Gu’as y se mov’an en un mundo hostil, marcado por la existencia de: mœltiples reinos, se–ores feudales, diferentes idiomas, religiones y costumbres, basando su peregrinaci—n en el auxilio de: Iglesias, Monasterios y Refugios.
La comprensi—n de la historia no solo reposa en la cuadrada metodolog’a cartesiana. TambiŽn las antiguas cr—nicas de los pueblos, est‡n escritas a fuego, en el ‡mbito fronterizo de la simbolog’a arquet’pica del inconsciente y nos llegan desde la sangre, convertidas en vivido recuerdo.