Y me observo inconmoviblemente. ƒl me bes—. Su beso se hizo m‡s largo y sinuoso y, al fin, logr— lo que se planteaba. El me fisgo asombrado ante su consulta y luego cambio de tema. La mand’bula comenz— a dolerme luego de escuchar sus chistes, pero no pod’a soslayar dejar de sentir lo que mi coraz—n impon’aÉ amor por Gustavo. Una de sus manos agarraba mi cintura mientras camin‡bamos por la playa. uno no se libera de sus bloqueos? No hay nadie en este mundo que no desee valorarse y respetarse. Dicen que el que siembra recoge, o que el que sube como palma baja como coco. No lo sŽ quiz‡s son refranes y ah’ estaba yo enfrente del que fue mi m‡s sincero amor, feliz, obsesionada con la familia, y eso Žramos. No se puede tocar la misma gota dos veces,