El Trapecista es una comedia en muchos actos, como la poes’a.
La tragedia se queda atrapada por ah’, en los hechizos de la palabra,
en las ruedas y engranajes de la fermentaci—n poŽtica.
La tragedia, cierto, se asoma como un can hambriento que busca
una presa aœn mas dŽbil.
El Trapecista es entonces una pieza de teatro, la que vivimos desde
que nos enfrentamos al teclado y le dejamos el mando a los siniestros,
a los cascos y a los p‡jaros con varita de mercurio.
Y a los ritos, a lo simple disfrazado de cotidiano.
À QuiŽn es el trapecista, quiŽn es el que desenfundando su espada
se enfrenta a los demonios y a los payasos de todos los d’as?
À QuiŽn es aquel al que los trapecios protegen e impulsan?
À QuiŽnes son aquellos que a travŽs de los hechos, de los a–os,
han tallado los artificios y artilugios que les permiten re’rse
de su propia sombra?