Cada d’a la noche nos inventa,
nos toma con sus p‡lidas manos
y nos deposita en medio de las estrellas.
El cielo es un lugar tranquilo
donde tenemos libertad para jugar,
saltar, bailar, o incluso despertarnos.
A veces la noche entra en nosotros,
nos cierra los ojos
y nos hace navegar
por los sue–os de todos los amantes.
Nos lleva a lo alto de una colina
para contemplar el horizonte,
el lugar donde sus v‡stagos nacen,
al tiempo que la luz se desvanece.