Desnudar, quitar capas, ir dejando la piel vista, hasta mostrar lo ’ntimo, parece un camino sencillo, pero lo cierto es que nada llega a estar nunca desnudo. La piel se viste de recuerdos, temblores, tabœes y aspiraciones.
Las maquetas de Pemjean, aun jugando a una desnudez n’vea y homogŽnea, jam‡s estar‡n completamente desnudas. Sus ropajes vienen de lejos. Desde el espacio real que les sirve de modelo, a la luz que hace vibrar el espacio o la mirada de quien mira.