Las princesas de las u–as rojas son hermosas, a veces ni ellas mismas lo saben y se dejan caer en los brazos de un esmalte barato que se astilla con facilidad, como sus almas.
Las princesas de las u–as rojas son hermosas, a veces ni ellas mismas lo saben y se dejan caer en los brazos de un esmalte barato que se astilla con facilidad, como sus almas.