La planificaci—n (gesti—n) cultural de los œltimos veinte a–os (vamos a redondear) ha evolucionado, de forma sutil, hacia la explotaci—n de la cultura como una extensi—n del
mercado. Se ha desmenuzado y se ha dividido en lotes (industrias culturales Ð econom’a de la cultura) para favorecer su producci—n, distribuci—n y consumo, para respaldar un control muy bien argumentado desde narrativas tŽcnicas y de mŽtodo. A la par, desde la construcci—n
capitalista de imaginarios, se la dignifica con Òargumentos pibÓ para auparla a la categor’a que necesitan quienes quieren entrar en el juego de esa modernidad difusa que reniega de su pasado.Es necesario que la cultura vuelva a contemplarse libre y liberadora, provocadora, cr’tica, comunitaria, viva, generadora, imprevisible, transitable, reactiva...