ÒÉno estamos aqu’ en presencia de uno m‡s de la multitudinaria lista de fariseos literarios, afectados, ÔculturososÕ y profundamente vac’os. No. Nada de eso por aqu’, se–or. La poes’a de Antonio est‡ viva: vibra, late, sangra, llora a moco tendido, estruendosamente r’e, subterr‡neamente suspira. Y si viene cargada de referencias es porque Antonio se las carga y a travŽs de ellas nos pasea por un mundo (el suyo y el nuestro) de lipsticks, lenguas vipŽreas, tacones, mœsculos pubocox’geos, asombradas chicas de provincia y amantes al borde del abismoÓ. -Carlos Bertoglio