Cuando la Corte Real Espa–ola estaba en la antigua capital de Espa–a, en Valladolid, sucedi— que Carlos I de Espa–a Ðy V de Alemania- hubo de embarcarse en La Coru–a con destino a Gante, en BŽlgica, para tomar posesi—n de los territorios heredados de su abuelo Ðtodo el imperio Austro-Hœngaro, teniendo que recorrer el Camino de Santiago desde tierras vallisoletanas hasta Compostela y, posteriormente, llegar a La Coru–a. A–os m‡s tarde, ser’a su hijo Felipe II el que har’a el mismo itinerario y pernoctar’a en la misma casa, en su camino hacia Inglaterra para desposarse con la hija del rey inglŽs. Como compa–ero de viaje llev— Felipe al mejor halconero del reino, a Antonio Brea, natural de Carral, con el que no s—lo compart’a su afici—n al noble deporte de la cetrer’a, sino que ten’a en comœn con Žl algo infinitamente mucho m‡s importante. Juntos llevaron a cabo las aventuras m‡s incre’bles con las situaciones m‡s hilarantes que dos personajes j—venes, de regio abolengo, vivieron en el siglo XVI, a–o de 1554.