Cuando vi las fotos de la nieta de mi amigo Juan Contreras, una de ellas, en la que est‡ sonriendo mientras duerme , me hizo recordar la sonrisa, aquella sonrisa un poco ir—nica, que ten’a a veces su abuelo.
Y de esa sonrisa surgi— esta peque–a historia, que est‡ en la tapa del libro que aqu’ tenŽis, escrita ahora sobre el dibujo de Liz. Hubiera gustado a Juan, pues ya que no pudo llevar a sus hijos-ni–os a pasear por Chile, ahora la hace con su nietecita, al menos en mi fantas’a y en la de todos los que la acab‡is de leer
As’ iba a ser y nada m‡s, pero tiene continuaci—n , gracias a mi amiga Nadine, que me anim— a ello y ya veis, realmente se van a pasear por Chile los tres, Juan, Panna y el PingŸinoÉ