Existen en el lenguaje pol’tico tŽrminos claramente desgastados. Quiz‡ anta–o se correspond’an con conceptos precisos que pretend’an atrapar la realidad. Pero hoy no pasan de ser expresiones r’tmicas, cantinelas m‡s o menos pegadizas capaces, a lo sumo, de hacernos mover los pies o chasquear los dedos, pero que poco o nada dicen ya a la inteligencia. Como si el significante invocado, especie de Cronos hambriento, hubiese al fin devorado el significado. Tales tŽrminos no son ya monedas fiables. Tanto uso y manoseo han acabado por borrar el relieve de sus superficies, que era lo œnico que les daba valor