Cada ni–o que se forma y nace es una promesa, y Dios quiere verla totalmente realizada. No olvides que tu vida es tu m‡s valiosa posesi—n. Cœidala, obedeciendo a los que te cuidan. òsala sabiamente, con un noble prop—sito, porque ser’a muy triste descubrir un d’a que has vivido en vano.
_
ÁC—mo nos gusta verte, en las calles, en las plazas, seguido por tu sombra inquieta y breve, jugando, riendo, como un afiche viviente del gozo de existir!