ÒMiro a lo alto, a la esfinge y escudri–o el enigma que ella encierra... De repente, siento pavor de todo el misterio que me rodea y que fluye hacia m’. Me levanto y camino hasta el caballo que me espera. Sopla un viento fr’o, procedente del desierto, y el silencio de
la noche ya est‡ cayendo. Me envuelven nubes de perfumes al acercarme al puente sobre el Nilo. Las acacias y naranjos de los maravillosos jardines de Gizeh est‡n en plena floraci—n. Miro hacia las canoas del Nilo, balance‡ndose sutilmente a la orilla del r’o, y recuerdo mi llegada. Estaba seguro de m’ mismo. Yo deseaba excavar, explorar y encontrar los restos de los reyes muertos...
ÀY ahora? Escucho el murmullo del sagrado Nilo,
sintiendo las doloridas vibraciones de mi alma... ÀPor quŽ se agita mi coraz—n al contemplar la Esfinge?... ÀDe d—nde surge el halo de eternidad que envuelve esas grandiosas obras? ÀQuiŽn conoce la respuesta?Ó