En "Los homes en carnes" (1943) hay un ligero gui–o a "La tempestad", obra de ambiente m’tico en la que Shakespeare se interesa m‡s por las relaciones familiares. As’ este don Pedro, un americano de modales refinados, discreto y prudente, hospitalario y de buen coraz—n, junto con su hija Laura, que sue–a rom‡nticamente con que un distinguido lord aparezca en su vida, parecen ser un trasunto del Pr—spero y Miranda del bardo inglŽs, siendo el primero de los n‡ufragos, perdido en las costas de Bayes, equiparable a aquel Fernando shakesperiano, mientras del ambiente m’tico quedan aqu’ una menci—n mitol—gica a las sirenas, cuyos berridos pueden alborotar a todo un pueblo, y sobre todo ese gran trasfondo bŽlico de una II Guerra Mundial, cuyos restos llegan hasta aquellos deshabitados acantilados.
En noviembre de 1944 el autor anunciaba que una agrupaci—n art’stica avilesina le hab’a pedido una obra, y tal vez sea Žsta aquella comedia, ya que XosŽ Nel Comba, el mejor conocedor de su lieratura, no sab’a de su existencia. As’ como Harold Bloom no vio en "La tempestad" una clausura ni un emblŽm‡tico adi—s al teatro, sino un experimento; aqu’, y mediante su contemporaneidad, yo veo un viaje dramatœrgico fracasado, ya que se repite en algunos motivos (jugar a la brisca la noche de bodas, dos hermanas solteronas con con deseos carnales) y ciertos juegos de palabras (i.e. lord/lorito, saleroso/salitroso), hacia el conocimiento, hacia la renovaci—n teatral. Tal vez fue entonces cuando escribir teatro dej— de ser cosa sencilla, despuŽs de agotar todas aquellas ideas que hab’a ido recogiendo en las much’simas fichas que fuera reconstruyendo con paciencia de escribano, tras ser destruido su archivo en 1934, y entonces su voz, como gran dramaturgo asturiano, se extingui—. Eso seguir‡ siendo un misterio, mientras no se haga pœblica la digitalizaci—n de su obra .