El tratamiento mediante zonas de reflejo no es un logro de nuestro siglo. Ya tempranamente, la medicina presinti— que la mayor’a de las funciones corporales son guiadas por reflejos, los cuales en parte son innatos, en parte deben aprenderse durante la infancia. S—lo este guiado autom‡_ tico, (sin intervenci—n de nuestra voluntad) de muchas fun_ ciones vitales, libra nuestra mente de la obligaci—n conti_ nua de pensar y llevar a cabo por voluntad cada reacci—n y cada movimiento; est‡ libre entonces para otros (m‡s altos) cometidos mentales.