Ah’, entre el suave perfume de las flores y los relatos de Juliette acerca de su primera semana de clases, las pl‡ticas de Joseph sobre sus nuevos compa–eros en el trabajo y el tintineo intermitente de las luces que colgaban del balc—n; Benjamin se descubri— deseando que el pr—ximo fin de semana volviese a pasar lo mismo