La cuesti—n de una oraci—n sin respuesta es el nœcleo de cada religi—n. En la mayor’a de los casos, nuestros propios pecados y los pecados no resueltos, las transgresiones y las iniquidades de nuestros ancestros y linajes cierran el cielo contra nuestras oraciones. En el caso de Job, fue Satan‡s quien difam— a Job y lo acus— de servir a Dios con un motivo impuro y para probar que Satan‡s estaba equivocado, Dios permiti— que Satan‡s probara a Job. Al final de la prueba de Job, Dios volvi— a cuestionar a Job: "ÀRealmente anular‡s Mi juicio y lo dejar‡s de lado? ÀMe condenar‡s [a tu Dios] para [parecer] ser justo y justificado?Ó(Job 40:8 AMP) Los malvados poderes fundamentales nos siguen acusando d’a y noche ante la corte celestial. Gracias a Dios que la Sangre de Jesœs est‡ all’ para vindicarnos y exonerarnos cuando nos declaramos culpables y permitimos que la Sangre hable en nuestro nombre.