El d’a seis de Junio de 1992, un d’a grande para muchas personas que tuvieron el privilegio de poder asistir a la Aparici—n de la Virgen Mar’a, Nuestra Madre.
All’, en aquel lugar de Los Realejos, en la Fuente de Pedro, sintieron y/o vieron a la Divina Se–ora, quiŽn tra’a a la humanidad un mensaje de Amor.
Cada vivencia aqu’ relatada, cada testimonio realizado por adultos, j—venes y ni–os, de condiciones socio-culturales heterogŽneas, nos da a conocer cu‡les fueron las emociones de cada uno de ellos a su manera, tal y como lo vivieron.