Aquellos como yo quŽ nunca tuvieron derecho al ensino ni a un empleo en su propio pa’s, donde nascieron y vivieron como extranjeros, suelen morir en el silencio, acurrucados en algures del pa’s que les dio abrigo y dignidad. Suelen morir con las patri—ticas palabras fado y saudade en sus labios y con el sonido de la mel—dica guitarra dulcificando su coraz—n.