La oraci—n tiene hoy una resonancia especial, en s’ misma, puesto que hemos ca’do en la cuenta de un modo especial, que se trata de una Òrelaci—n de amistad frecuente e ’ntima con Aquel del que sabemos que nos amaÓ. Santa Teresa, con su gran sentido de mujer avisada e iluminada por el Esp’ritu y con el tesoro de su experiencia particular extraordinaria, acert— maravillosamente a darnos en una frase el contenido esencial de toda oraci—n.