Los seres que habitan estos cuentos son humanos por elemental descripci—n de la especie, pero cada uno de ellos fue vencido en la bœsqueda de esa levedad que los marc— desde el origen.
Desarraigados, existenciales, desde el principio han asumido una urgente necesidad de desplazarse. Es una suerte de vaguedad incontenible. No buscan nada, a la vez que persiguen la consecuci—n de algo que les resulta desconocido, incapaz, inconsciente.
Esa es la raz—n de esta literatura angustiada. De la escisi—n con la voluntad del ser. La desesperanza. Es la consagraci—n de una generaci—n que naci— bajo el estigma de la derrota y que ya no persigue nada m‡s all‡ que convencerse de su propia derrota.
ÀPesimistas?, quiz‡s, Àexistenciales?, no sŽ. Ni siquiera hay un encierro definitorio en las personalidades de estos personajes que deambulan por paisajes como postales de turistas, fr’os y ajenos, y que afrontan el amor con desgano y aburrimiento.