Aunque las Tierras Salvajes estŽn repletas de peligros en forma de engendros monstruosos o bestias peligrosas, y a pesar de que las Mazmorras sean nidos de aberraciones innombrables, el hombre siempre ha copado la cima como nŽmesis a derrotar por parte de los aventureros.
Sean los sempiternos bandidos, de los pasos entre monta–as, nefandos sectarios de un culto a los Dioses Prohibidos o una curtida alfarera, molesta por intentar robar su mercanc’a; los humanos suponen un interesante cat‡logo de adversarios, rivales y antagonistas a los que un grupo de aventureros errantes puede enfrentarse.