Elides Donoban, el novio de Zariana, siempre se mostraba alegre y charlat‡n. ƒl era un guapo joven de barba negra recortada, facciones correctas, ojos rasgados y tez suave y sonrosada. Su padre era el administrador de la mezquita que Zariana comenz— a visitar cuando se divorci—, y cuando muri—, dej— la mezquita a cargo de su hijo. Luego de la muerte de su padre, Elides parec’a poco inclinado al sexo femenino: amaba infinitamente m‡s a Mercurio que a Venus. Su afici—n al juego, a toda clase de juegos, era tan desmedida que bien pod’a decirse que su vida entera estaba consagrada a ella, que hab’a nacido para jugar. Ahora bien, Elides no era un joven codicioso. AL CONTRARIO, su liberalidad era conocida y loada por toda la ciudad.