Muchos de nosotros hemos recibido en nuestras casas la visita de unas personas que se identifican como testigos de Jehov‡. Pulcramente vestidos, amables y educados, nos ofrecen algunas revistas de su organizaci—n (La Atalaya y ÁDespertad!) y si ven en nosotros interŽs se ofrecen a compartir estudiar la Biblia. A primera impresi—n parecieran uno de tantos cristianos protestantes con sus creencias e interpretaciones particulares de la Biblia, pero quienes han estudiado su organizaci—n, mŽtodos, doctrinas y comportamiento, han concluido en no pocas ocasiones de que se trata de una secta.