Muchas mujeres alemanas compartieron con sus maridos e hijos la vivencia patag—nica, a diferencia de los
estancieros ingleses, cuyas familias viv’an en su patria o en Buenos Aires. Se tradujeron para este cuaderno
textos autobiogr‡ficos de dos autoras alemanas que pasaron su primer a–o argentino en la Patagonia, completando estas vivencias con relatos de la estudiosa de Berta Ilg de Koessler vivi— en la Patagonia a partir de 1920 con su marido, un mŽdico alem‡n al que faltaba el t’tulo argentino. Durante muchos a–os acompa–— como enfermera el trabajo de Rodolfo Koessler en San Mart’n de los Andes y a la vez realiz— una invaluable recolecci—n de textos de la etnia mapuche de la zona, reuniendo innumerables documentos de la tradici—n oral. En su libro El machi del Lan’n narra detalles de sus primeras impresiones de la vida durante sus comienzos. Aqu’ publicamos algunos de sus relatos relacionados con su labor antropol—gica.
Ella Hoffmann de Brunswig lleg— a la Patagonia Austral cuando all’ tuvieron lugar las revueltas de los peones.
Su marido administraba entonces la estancia Lago Gh’o, en Santa Cruz. Sus recuerdos se limitan a las dificultades cotidianas y a las preocupaciones de llevar adelante una vida familiar civilizada en circunstancias
muy primitivas, sum‡ndoseles un incidente que le vali— la amistad del conocido terrateniente Lucas Bridges.
El relato traducido se compuso en 1977, reiterando en otro tono sus experiencias narradas cincuenta a–os antes
en las conocidas cartas a su madre.
Christel Wallich de Koerte huy— de Alemania en 1937 y muri— en 1956. Su padre, un conocido banquero alem‡n, jud’o, se suicid— en 1938. Ella comenz— su vida argentina en la soledad de una estancia patag—nica. Su situaci—n de fugitiva aparece en los textos tan solo como un fondo de soledad y tristeza de su vida solitaria en una
estancia de Ricardo Staudt administrada por su marido.